martes, 18 de noviembre de 2025

Lobbying: El Poder en la Sombra

Resumen

El lobbying, entendido como la gestión de intereses ante los centros de decisión pública, constituye uno de los mecanismos más influyentes —y a la vez, más controvertidos— en los sistemas democráticos contemporáneos. Este artículo reflexiona sobre su papel en la construcción del poder, la legitimidad de su ejercicio y sus riesgos éticos, especialmente en contextos donde la transparencia institucional es frágil. A partir de aportes teóricos y reflexiones del blog Mercadeo Corporativo de Campo Elías Camacho Marín, se argumenta que el lobbying es una herramienta de articulación social que puede derivar en influencia indebida si no está regulada ni sometida al escrutinio público.

 

1. Introducción: la paradoja del lobbying

El lobbying suele presentarse como “el poder en la sombra”: una práctica a medio camino entre la mediación legítima y la influencia opaca. En países con democracias consolidadas, se le reconoce como un componente fundamental de la representación pluralista. En contextos con instituciones débiles, en cambio, se asocia a corrupción, captura del Estado y desigualdad en el acceso al poder.

Como señala Camacho Marín en Mercadeo Corporativo: “El lobbying representa una intersección entre política, comunicación y ética. Su otra cara es el espacio donde confluyen la persuasión, la información y la influencia”. Esta doble dimensión revela que no es la herramienta en sí la que resulta problemática, sino su uso, su regulación y sus mecanismos de control.

 

2. Naturaleza del lobbying: entre la representación y la influencia

El lobbying es definido por Berry (1997) como “la actividad organizada de actores privados para influir en las decisiones gubernamentales”. Más allá de su denominación, su esencia es la mediación entre intereses privados y poder público.

Autores como Baumgartner y Leech (1998) advierten que no debe entenderse como manipulación directa, sino como un proceso de diálogo estructurado, donde grupos organizados aportan información técnica o estratégica para la toma de decisiones.

En palabras de Camacho Marín, “si se ejerce desde la transparencia y el respeto por lo público, el lobby puede convertirse en un instrumento de equilibrio entre las demandas sociales y la acción del Estado”. Esta visión reivindica la función positiva del lobbying como mecanismo democrático.

 

3. El poder en la sombra: ¿influencia o captura?

Pese a sus potenciales beneficios, el lobbying enfrenta críticas profundas por su capacidad para distorsionar el juego democrático. Pineda-Cachero y Castillo-Esparcia (2020) sostienen que “la ausencia de transparencia puede convertir la influencia en dominación”, poniendo en riesgo los principios de igualdad política.

El problema se agudiza cuando:

  • Los grupos con mayor capacidad económica monopolizan el acceso a los decisores.
  • No existen registros públicos ni requisitos de rendición de cuentas.
  • La línea entre lobby, tráfico de influencias o corrupción se torna difusa.

Camacho Marín señala: “El riesgo no es el lobby en sí mismo; el riesgo es la opacidad que lo rodea. Cuando los intereses se gestionan detrás del telón, las instituciones se debilitan”.

 

4. Lobbying y comunicación: la retórica del poder

El lobby es también un ejercicio retórico. Persuadir, argumentar, enmarcar problemas y soluciones: todo ello configura discursos de poder. Heath (2010) lo entiende como parte de la comunicación estratégica, donde se construyen narrativas capaces de orientar decisiones públicas.

Esto implica que el lobby opera en tres niveles:

  1. Cognitivo: provee información o interpreta datos.
  2. Emocional: activa percepciones, riesgos o sensibilidades.
  3. Normativo: establece qué intereses son legítimos y cuáles no.

Camacho Marín lo expresa así: “Quien controla el relato controla el debate, y quien controla el debate, influye en la decisión. El lobby se mueve precisamente en ese territorio narrativo donde se define la agenda pública”.

 

5. Ética y transparencia: los pilares de una práctica legítima

La legitimidad del lobbying depende de su alineación con los valores democráticos. La OCDE (2021) insiste en que la regulación del lobby debe garantizar:

  • Acceso equitativo a los procesos de decisión.
  • Transparencia de actores e intereses.
  • Responsabilidad de los gestores.
  • Integridad en la interacción público–privada.

En línea con ello, Camacho Marín enfatiza: “No se trata de eliminar el lobby, sino de hacerlo visible. El problema no es la influencia, sino la sombra”.
Una política pública transparente y una ciudadanía informada constituyen las mejores prácticas frente al abuso.

 

6. Conclusión: ¿hacia un lobbying democrático?

El lobbying es inevitable en cualquier sociedad compleja. La pregunta no es si debe existir, sino cómo debe practicarse. Estigmatizarlo no es lo correcto; romantizarlo es peligroso. El desafío radica en construir un modelo de lobby transparente, regulado y orientado al bien común.

En última instancia, el poder en la sombra no debe desaparecer, sino hacerse visible. Como advierte Camacho Marín: “Cuando la política se decide sin que la ciudadanía pueda mirar, no estamos ante un lobby legítimo, sino ante un poder que se esconde”.

Regular, legitimar y educar sobre el lobbying es una tarea urgente para fortalecer las democracias latinoamericanas.

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