El Lobby es
un conjunto de acciones desarrolladas por una unidad de presión (grupo de
personas organizado) con las cuales se busca influir y presionar, para que las
decisiones que se tomen, sean en favor de determinados intereses. La
actividad se denomina lobbying y quien la ejerce lobbista.
Sinónimo
(s): grupo
de presión, gestión de intereses, ejercicio de petición.
Uso
despectivo o peyorativo: "cabildeo", merodeo,
vestíbulero, tráfico de influencias.
Influir
en los poderes políticos y en las decisiones públicas y del Estado, es la
principal tarea de los grupos de presión, también conocidos como lobbies.
Los representantes públicos no suelen tener conocimientos precisos sobre las
materias que regulan, lo que genera las condiciones propicias para la actividad
de lobbying, convirtiéndolo en una herramienta de información
y persuasión para la toma de decisiones.
Lobby es
una palabra de origen inglés que significa sala de estar o salón de espera, y
que sirve para definir una actividad relevante, que junto al marketing
corporativo y la comunicación institucional, debe ser parte de la estrategia global
de la empresa, con el intento de influir en el poder Ejecutivo y
Legislativo para lograr unos determinados intereses.
“Se le
conoce como lobbying a esta labor porque era una actividad que
comúnmente se realizaba en los pasillos o lobbies de las Cámaras altas y bajas
de muchos países europeos. Por ejemplo, hacia 1830 en la Cámara británica se
discutían temas relevantes en los pasillos justo antes de que los miembros del
Parlamento emitieran sus votos” (María Fernanda Ramírez, 2014).
Aunque
se trata de un fenómeno que se ha realizado con mucha intensidad en Estados
Unidos, la creación de la Unión Europea ha afianzado esta práctica en Europa.
De hecho, las primeras manifestaciones de lobbying se dieron
en este continente, concretamente en el Reino Unido, en el Siglo XIX, bajo la
figura de "Acuerdo de Caballeros".
En el
caso de América Latina, el Lobbying goza de mala reputación, siendo
percibido negativamente y mal calificado, ya que su ejercicio ha sido vinculado
al tráfico de influencias y a arreglos bajo la mesa, lo anterior, como
consecuencia de “prácticas ocultas” ligadas a la corrupción, como la compra de
votos, la coima, la mermelada, el pago de favores y el silencio de los medios
de comunicación.
De
ahí, que Paulina Ibarra afirme: “El Lobby no es malo, pero tiene
mala reputación”.
Algo
semejante pienso, al expresar: "El Lobbying no puede ser una
caja negra donde nada es transparente".
Desde
sus orígenes, el lobbying se asocia con el derecho de
petición, la formulación y la gestión de distintas demandas sectoriales o
particulares, que los individuos y los grupos de presión, realizan frente al
Estado y sus organismos, en pro de sus intereses (Ricciardi, 2014).
Según
publicación de Relaciones Públicas y Lobbying de la Universidad de Palermo: “Su
objetivo es velar por los intereses privados en el ámbito de las
decisiones públicas”.
Su
importancia radica en su capacidad de reacción, en la
conformación de alianzas y el implemento de estrategias para conseguir la
protección de los intereses privados o colectivos, a nivel de asuntos públicos.
Para
comprender como funciona esta actividad, pongamos un ejemplo: Imagine
que usted es un diputado, concejal o congresista que tiene que
decidir si apoya una iniciativa legislativa sobre productos químicos que serán
autorizados en su país para fumigar cultivos ilícitos; al no tener formación
específica al respecto, su conocimiento sobre la materia es escaso, por lo
que carece de base para tomar una decisión fundamentada al
respecto.
Al
mismo tiempo, en un despacho cercano al suyo, un lobbista prepara un
informe sobre la bondad o perjuicio de la citada normativa que se
debate en la asamblea, concejo o congreso, la cual comunicará y
socializará para generar información que sirva de base para apoyar o no, dicha
iniciativa. He aquí, una de las bondades del Lobbying. En este caso, según el
ejemplo planteado, lo que usted necesita para tomar una decisión.
No en
vano, Thierry Lefebure dice:
“Practicar
Lobbying es analizar y comprender un problema, a fin de explicar su tenor y sus
consecuencias a aquellos que tienen el poder de decidir”.
Una
vez comprendido el poder que pueden tener estos grupos de influencia, es
necesario conocer, desde el punto de vista empresarial, cuál
es la mejor forma de emplearlos para lograr objetivos que sean
lícitos (descartando; por supuesto, actividades ilegales o que no respeten los
principios básicos de la ética). Para ello, los empresarios recurren a la
práctica del llamado lobbying empresarial.
El lobbying,
es una disciplina profesional compuesta de tres (3) elementos esenciales para
su desarrollo y práctica: gestión, comunicación y presión.
Es por
esto, que los lobbistas deben saber cómo funcionan las Administraciones
Públicas y el Legislativo, son asesores y consultores bien calificados,
con “buenos contactos”, se mueven como peces por el agua en el Congreso de la
República, manejan muy bien los hilos de la política y pueden llegarles a
muchos funcionarios, a quienes, de manera oficial, no es posible llegarles
fácilmente.
De
igual manera, deben aprender a convencer e influir con argumentos.
Para ello, se apoyarán en el llamado Decálogo del buen lobbista, una
síntesis de todo aquello que hay que tener en cuenta a la hora de
practicar lobbying y relacionarse con los distintos
poderes: poder ejecutivo, legislativo, judicial (los
tres poderes del Estado), la prensa, como cuarto poder y un
quinto poder: el lobbying.
Por su
posición como quinto poder, hay quienes lo han bautizado como:
“Gobierno
invisible”, “La antesala del poder”, “El arte de persuadir al poder”, “El poder
detrás del poder”, “Lobbycracia”.
Indistintamente,
de estas formas breves de denominarlo, describirlo y definirlo, el lobbying es,
ante todo, un instrumento de participación de la sociedad civil en la vida
pública, sirve de puente entre un sector de la sociedad y el gobierno,
fortalece el sistema democrático, haciéndolo participativo. Es un ejercicio de
presión, mediante el cual, se busca tener voz y voto en las decisiones del estado
y demás entes gubernamentales, es una actividad transparente y profesional de
la representación de intereses.
El lobbying se
basa en el concepto de puerta giratoria (revolving door): a un lado la
política; al otro, el sector privado y en medio, un intermediario, que entra y
sale de ambos lados, comunicando y defendiendo los intereses que
representa, argumentando, influenciando y persuadiendo en pro de una causa, lo
que hace que la figura del lobbista sea una necesidad democrática, un
profesional que tiende puentes entre los intereses privados y los públicos.
En
suma, el Lobbying es una técnica de comunicación y persuasión mediante la cual
una colectividad o comunidad (grupo de presión, grupo representativo) transmite
un mensaje a los decisions-makers, para que las decisiones que se
tomen, sean favorables a sus intereses, lo que implica seducirlos a punta de
argumentos sustentados.
